46 horas. Es el tiempo que tardamos en cruzar desde PanamĂĄ hasta Colombia. 7, el nĂșmero de veces que vomitĂ© durante esta travesĂa. Hay dĂas en los que no se puede, y ese dĂa no se podĂa. Como excusa dirĂa que navegĂĄbamos contra el viento y habĂa un fuerte oleaje. A pesar de este mal de mar, llegamos a Cartagena de Indias, la principal ciudad de la costa caribeña de Colombia, que no debe confundirse con Cartagena, en España.
ÂĄAquĂ estoy finalmente en Colombia! DespuĂ©s de 7 meses pasados en el mar, en las islas, en tierra, ÂĄfinalmente he puesto los pies en el continente sudamericano! Bueno, Colombia: ÂżquĂ© sabemos de este paĂs? Pablo Escobar, los narcotraficantes, la droga… ÂĄWow! Es una informaciĂłn muy escasa para un paĂs tan grande. Para remediar mis carencias, estoy haciendo mis pequeñas investigaciones en la web. Es un paĂs de AmĂ©rica del Sur (hasta aquĂ todo bien), con una poblaciĂłn de aproximadamente 52 millones de habitantes en un territorio que es 2 veces el de Francia. El paĂs estĂĄ atravesado por la Cordillera de los Andes y se pueden encontrar cumbres de hasta 5,700 m de altitud. El paĂs estĂĄ cubierto de numerosos bosques (incluida la selva amazĂłnica) y gracias a sus cadenas montañosas, posee el 10% de la biodiversidad mundial. TambiĂ©n es el paĂs con mĂĄs especies de aves en el mundo, el que mĂĄs especies de orquĂdeas tiene y se clasifica en segundo lugar por especies de mariposas, plantas, peces de agua dulce y anfibios. En resumen, hay una gran variedad en este paĂs.

El paĂs tiene la reputaciĂłn de ser peligroso. AsĂ que sĂ y no, es mĂĄs complicado. La guerra contra las guerrillas y las tropas paramilitares sigue en curso. Algunas regiones de Colombia estĂĄn en guerra, como la regiĂłn del Catatumbo, en la frontera con Venezuela. Cuando digo en guerra, me refiero a que los grupos armados buscan tomar el control de los campos de coca (planta utilizada para hacer cocaĂna). En las grandes ciudades (BogotĂĄ, MedellĂn, Cartagena…), algunos barrios tambiĂ©n son peligrosos. No se aventura uno allĂ sin una buena razĂłn. Bueno, ahora que no estĂĄn muy tranquilos, ÂĄles doy tranquilidad! Muchas regiones son seguras para los turistas. La policĂa estĂĄ muy presente y muchos turistas llegan todos los dĂas para visitar estos lugares maravillosos. Por supuesto, hay que evitar sacar fajos de billetes o dispositivos nuevos en plena calle.
Colombia tambiĂ©n es un paĂs de motos. ÂĄHay por todas partes! Es un medio muy prĂĄctico para desplazarse por la ciudad o en distancias cortas (menos de 30 minutos). Rara vez se usa casco, raramente es seguro dado la conducciĂłn en Colombia, pero hasta ahora no he tenido ni he visto accidentes. Hay vendedores ambulantes absolutamente en todas partes: en el campo, en las ciudades, en los buses. Siempre hay alguien con un termo vendiendo un « tinto », cafĂ© colombiano, arepas (tortilla de maĂz sĂșper extendida), o cualquier cosa. En general, los colombianos son muy amables, siempre dispuestos a ayudar y con una cĂĄlida sonrisa. Pero cuando se trata de recoger a un autoestopista, es otra historia. En resumen, es un paĂs con una gran desigualdad de riqueza (clase alta, clase baja y poca clase media). El contraste es impresionante en algunos lugares.
Ahora que tiene un pequeño vistazo de Colombia, volvamos a nuestros asuntos.
En la marina de Cartagena, el capitĂĄn se fue a hacer los pasaportes, pero hay que esperar a la señora de inmigraciĂłn, que no regresa hasta las 15 h. ÂĄBuena, voy a tomar una copa mientras tanto! A las 16 h, todavĂa nada. A las 17 h conozco a Romain, un autoestopista que busca regresar a Europa. Ya estoy bastante borracho, solo tengo un deseo: ir a un albergue, ducharme y dormir. Hacia las 17:30 finalmente recupero el preciado salvoconducto, ÂĄcon el sello de Colombia! Puedo quedarme 3 meses en el paĂs sin visa. Las ventajas del pasaporte francĂ©s. Corro al albergue y despuĂ©s de una pequeña ducha, una pizza y una noche de intercambio lingĂŒĂstico de Couchsurfing, ÂĄme voy a dormir!
Aprovecho mi estancia en Cartagena para reconectar con Couchsurfing, hay que decir que en las islas no es muy popular. Para mi primer dĂa, paseo por la ciudad antigua antes de ir a jugar al voleibol con los miembros de la comunidad. AllĂ conozco a muchos colombianos, voluntarios de la posada y franceses que trabajan en la ciudad. ÂĄNo hay mejor manera de integrarse! Somos muchos, dirĂa una veintena. Jugamos buena parte de la tarde y por la noche nos reunimos en la ciudad para tomar algo todos juntos y para bailar salsa. ÂĄPorque sĂ, la salsa es la danza nacional aquĂ! ÂĄTodos los colombianos saben bailar salsa! (probablemente exagero). Nos encontramos en el barrio de GetsemanĂ, un antiguo barrio peligroso reconvertido en un barrio festivo. Los edificios son coloridos, hay murales en todas las paredes, bares y restaurantes por doquier, en resumen, el lugar para estar. AquĂ locales y turistas son uno solo y en la plaza principal, plaza Trinidad, desfilan espectĂĄculos de calle: hip hop, un malabarista de fĂștbol, un titiritero… ÂĄY asĂ es todas las noches! No es por nada que el apodo de Cartagena sea « La discoteca del mundo ». Todos pasamos una noche fantĂĄstica y, todavĂa cansado de mi travesĂa, me voy a dormir.

El domingo es el Ășltimo dĂa de un festival de cine rĂ©putado, asĂ que voy a asistir a una proyecciĂłn en un viejo y hermoso teatro. La pelĂcula fue mala (o tal vez mi mente novata en cine no captĂł el mensaje del autor). Para mi Ășltimo dĂa en Cartagena, debo aprender un poco mĂĄs sobre esta ciudad llena de historia. ÂżY quĂ© mejor que hacer un tour a pie? Para quienes no lo conocen, es un paseo por la ciudad con un guĂa que narra la historia del lugar, los edificios, la cultura, etc. El principio es simple: el tour es gratuito y al final se le da lo que se quiera al guĂa. Generalmente, son alrededor de 10 dĂłlares. Cartagena tiene una gran historia con los conquistadores, la esclavitud, la inquisiciĂłn, el comercio marĂtimo… ÂĄEl tour es sĂșper interesante! Incluso vamos a observar perezosos, un iguana y pequeños monos en el parque de la ciudad. Durante el recorrido, pude ver a una persona escribiendo en una mĂĄquina de escribir, a limpiabotas, un montĂłn de vendedores ambulantes, turistas, la policĂa y muchas otras cosas. En cuanto a la seguridad, en el centro de Cartagena no hay problema alguno. Hay gente en todas partes y no he oĂdo hablar de agresiones ni nada parecido. Lo Ășnico que me dijeron es que tuviera cuidado con la policĂa que intenta sacar dinero a los turistas por la noche. Para mi Ășltima noche, regreso a GetsemanĂ con gente del albergue y nos encontramos con Romain, el autoestopista del primer dĂa, y amigos de amigos. Todos pasamos una muy buena noche terminando con unos pasos de salsa.


Las ciudades son geniales, ÂĄpero no mĂĄs de unos pocos dĂas! Hago las maletas y despuĂ©s de 1 hora de autobĂșs, aquĂ estoy a la salida de la ciudad. Extiendo mi pulgar por primera vez en el continente sudamericano y… Nada. Hay que decir que el lugar no es muy bueno: mucho trĂĄnsito y los coches van rĂĄpido. Bueno, encuentro un autobĂșs que me lleva mĂĄs lejos, a una intersecciĂłn. Vuelvo a intentarlo y despuĂ©s de mĂĄs de una hora de espera… Nada. Nada de nada. Nadie se detiene. La prĂłxima vez intentarĂ© hacer un cartel, tal vez funcione mejor aquĂ. Bueno, otro autobĂșs entonces. TerminarĂ© mi dĂa de autostop con un moto taxi que me llevarĂĄ a Rincon del Mar, un pequeño pueblo en la costa caribeña. ÂżPor quĂ© fui allĂ? Buena pregunta. En Dominica conocimos a un colombiano que nos recomendĂł el lugar y nos pasĂł la direcciĂłn de unos amigos suyos. ÂĄVayamos a ver de quĂ© se trata! El pueblo estĂĄ al borde del mar, hay muchas, muchas posadas, hoteles y restaurantes. De hecho, es un pequeño pueblo que se ha vuelto turĂstico. Hay muchos colombianos de vacaciones y tambiĂ©n muchos franceses.
Conozco a Marcella y Nico, una pareja Ătalo-colombiana y su reciĂ©n nacido Leandro (1 año). Me reciben con gran calidez y me convierto directamente en su invitado para la noche. El refrĂĄn « los amigos de mis amigos son mis amigos » nunca ha sido tan cierto. Ceno con ellos contĂĄndoles sobre mi encuentro con Felipe (el amigo en comĂșn), mi paso por Dominica, Martinica y la travesĂa en barco que nunca deja de sorprender a Nico. Charlamos, pero el tiempo avanza y el sueño nos alcanza rĂĄpidamente. Esta noche dormirĂ© en una hamaca. ÂĄHacĂa tiempo que no lo hacĂa! Al dĂa siguiente, les hablo de mi deseo de encontrar un voluntariado en la zona para establecerme un poco y reflexionar sobre varias cosas. Sin pensarlo dos veces, hacen algunos llamados y una hora mĂĄs tarde estoy hablando con Tania, la co-gerente de una posada. Me explica sobre el voluntariado, las ventajas, el trabajo, los horarios, etc. La vuelvo a llamar por la tarde para confirmar. Empiezo mañana, pero puedo mover mis cosas hoy. Ha sido rĂĄpido. ÂĄBienvenido a Taida Hostel! Una pequeña posada entre tantas otras, cerca de la manglar. EstarĂ© allĂ aproximadamente 2 semanas. ÂżMi trabajo? Hacer la recepciĂłn de 5 p.m. a 10 p.m. En realidad, paso la mayor parte del tiempo en las hamacas afuera. Una vez realizadas las pocas tareas, solo tengo que esperar la llegada de los viajeros para hacer el check-in. Por lo tanto, paso mis noches leyendo y tocando el ukulele en una hamaca, Âżno es genial? Una de mis tareas principales es poner en marcha el agua. Me explico: en el pueblo no hay agua corriente. Un chico pasa varias veces a la semana con una manguera para llenar los tanques. Es agua dulce, pero no potable. Es esta agua la que se usa para las duchas, los platos y los baños. Para beber, hay que comprar botellas de agua en la tienda o tener una botella filtrante, pero incluso con esta Ășltima, el agua sigue teniendo un gusto terrible. No hay agua para baños, ni riego, ni desperdicio, aquĂ se recupera al mĂĄximo. Mis noches son bastante tranquilas y generalmente no ocurre mucho. Mis dĂas tambiĂ©n son bastante tranquilos: comer, playa, siesta, Âżvida dura, verdad? El desayuno forma parte del trato del voluntariado, asĂ como el alojamiento (cama en habitaciĂłn compartida que serĂĄ reemplazada por mi hamaca en el exterior). Bueno, no es un gran trato, pero tenĂa ganas de quedarme un poco en un lugar, asĂ que no fui exigente. Como habrĂĄn entendido, estoy aprovechando este momento para descansar, pero tambiĂ©n para reflexionar sobre el futuro. ÂżA dĂłnde irĂ© despuĂ©s? ÂżQuĂ© quiero hacer en Colombia? ÂżEn AmĂ©rica del Sur? ÂżTrabajar? ÂżVoluntariado? ÂżDĂłnde, cuĂĄndo? En fin, intensas reflexiones. Me hago un poco antisocial, pero se siente bien. Al final de la primera semana, empiezo a sentirme mejor y empiezo a tener una idea de lo que quiero hacer. Encontrar voluntariados, moverme a dedo hasta esos lugares y bajar hacia el sur del continente. Todo tranquilamente, no hay prisa.
ConocĂ a 3 franceses que estĂĄn de intercambio en Brasil y que estĂĄn de paso por Colombia durante las vacaciones. Hicimos una excursiĂłn por el manglar con un guĂa. Aprendimos todo el trabajo que han realizado para despolluir el manglar, las especies de peces, aves e insectos que allĂ viven y nos detuvimos en la otra orilla para observar perezosos, iguanas y ĂĄguilas. ÂĄFue sĂșper divertido! Unos dĂas despuĂ©s, conocĂ a Mathilde y Anna, dos hermanas francesas que se quedan en el albergue. Anna estĂĄ viajando por AmĂ©rica del Sur desde hace aproximadamente 1 mes y su hermana, Mathilde, vino a pasar unas semanas con ella en Colombia. Nos llevamos bien y pasamos tardes en la playa, relajĂĄndonos juntos. TambiĂ©n llega la Semana Santa, que termina con el domingo de Pascua. Los colombianos, siendo mayoritariamente catĂłlicos, celebran âZe Fiestaâ en Colombia. En RincĂłn, eso significa sacar enormes altavoces que emiten mĂșsica a un nivel tan alto que resulta desagradable. Todo el mundo pone su mĂșsica y, como en muchos lugares del Caribe, ÂĄcuanto mĂĄs alto el sonido, mejor! Y no importa si el vecino tambiĂ©n pone mĂșsica, cada uno pone la suya. En medio de este alboroto, la gente baila en la calle, hace zouk, bebe y conversa (no sĂ© cĂłmo logran oĂrse, pero bueno). Las festividades duran varios dĂas y terminan con un concierto en la playa. Honestamente, nunca he escuchado un sonido tan fuerte; aguantĂ© 15 minutos y luego me fui porque era totalmente doloroso. Durante esta Semana Santa, tambiĂ©n contraje una especie de virus. Una combinaciĂłn de gripe y gastroenteritis. Un buen combo que me agota rĂĄpidamente. Como muy poco, no puedo caminar mucho tiempo y paso mucho tiempo en el baño. En fin, la alegrĂa. Al cabo de 5 dĂas se me pasa y despuĂ©s de eso decidimos movernos a Cartagena con las hermanas porque Mathilde tiene que tomar su aviĂłn a BogotĂĄ y regresar a Francia. AsĂ que dejo RincĂłn despuĂ©s de 2 semanas en este pueblo, un pueblo de locales pero enfocado Ășnicamente en el turismo. Hay muchas posadas, restaurantes y, en cuanto a actividades, solo es posible hacerlas con proveedores. No hay actividades para hacer sin guĂa o solo. En fin, no me gustĂł mucho el lugar.

En Cartagena, regreso a mi albergue donde encuentro caras conocidas. IntentarĂ© aprender francĂ©s con una chica del albergue, participar en dos clases de salsa y pasear por la ciudad. Con Anna salimos por la noche con personas que conociĂł durante sus paseos. DespuĂ©s de unos dĂas, tomo rumbo a Barranquilla, la ciudad de Shakira, sin duda mĂĄs popular que JesĂșs aquĂ. Intento hacer autoestop pero, una vez mĂĄs, tengo que recurrir a un autobĂșs para hacer el trayecto. Nadie se para aquĂ. Y, segĂșn los lugareños, los colombianos tienen miedo y el autoestop no se practica en la costa. En Barranquilla, encuentro un anfitriĂłn a travĂ©s de Couchsurfing, JosĂ©, que me alojarĂĄ por mi primera noche. Salimos a la ciudad con uno de sus amigos y es una oportunidad para ver la ciudad de noche y aprender mĂĄs sobre este lugar y sus alrededores. JosĂ© vive en el norte de la ciudad, en edificios nuevos que recuerdan fuertemente a Europa. El contraste con el resto de la ciudad es inmenso. Mientras que la mayorĂa de las viviendas tienen poca agua (no potable), instalaciones precarias, poco o nada de electrodomĂ©sticos, el apartamento de JosĂ© tiene una ducha, un frigorĂfico, lavadora, la pintura estĂĄ impecable, los muebles son todos de tienda. La diferencia es enorme. Y se nota aĂșn mĂĄs cuando al dĂa siguiente voy al centro de la ciudad para pasear. Es simplemente un mercado gigante. Miles de vendedores en la calle, en cada esquina, que venden frutas y verduras, electrĂłnica, ropa, ventiladores, piezas de bicicletas o motos, tarjetas SIM, telĂ©fonos, en fin, de todo. No se imaginan un mercado como en Francia donde todo estĂĄ limpio y bien organizado. AquĂ, cada uno hace lo que puede para ganar un poco de dinero para vivir. Puestos rudimentarios, la basura directamente en el suelo, motos que pasan por todas partes, mucha mĂșsica, en fin, muy diferente. Paso una segunda noche en esta ciudad, esta vez en un albergue donde conozco a un chico de Estados Unidos que viaja ligero (para nada).

En el viaje todos de manera diferente, Âżverdad? Al dĂa siguiente, voy a pasear por el MalecĂłn, conocido por su estatua de Shakira (les dije que aquĂ ha pasado a ser una deidad).

Luego me dirijo a una rotonda para hacer autoestop hacia Santa Marta. Me advirtieron que el barrio en cuestiĂłn es peligroso. Al llegar, un adicto se aproxima a mĂ. No tengo tiempo de decir nada cuando un conductor de autobĂșs me dice que suba a su bus hacia Santa Marta. Bueno, hoy tampoco hago autoestop. En Santa Marta, reservo una noche en la albergue mĂĄs barata de la ciudad (alrededor de 3 ⏠la noche). Dejo mis cosas y luego salgo con un chico de Couchsurfing a un bar en la azotea. Charlamos y, justo cuando Ă©l se va, Anna se une a mĂ en el bar, donde jugaremos algunas partidas de billar con dos israelĂes. Vamos a pasar algunas noches en Santa Marta con Anna, paseando por las calles, conociendo a gente de Couchsurfing, colombianos que viven en las calles. Muchas reuniones, conversaciones con personas sin hogar. Nos cuentan sus vidas, cĂłmo viven, la vida en Santa Marta. Terminamos en algunos barrios « calientes », pero personas bienintencionadas nos avisan cada vez que debemos dar media vuelta. No es una leyenda, hay barrios en cada ciudad que hay que evitar, incluso para los colombianos. Pasamos un dĂa en la playa cerca de Taganga (un pequeño pueblo al norte de Santa Marta). Es una pequeña caminata por la costa, pasamos por varias playas pequeñas y terminamos instalĂĄndonos en una playa de pescadores donde no hay nadie mĂĄs que los pescadores y un hombre que vive allĂ. Pasamos la tarde nadando, haciendo esnĂłrquel, y durmiendo la siesta en la playa. Cuando el pescador en el agua empieza a gritar, todos se levantan y comienzan a tirar la red de pesca. Luego, una vez que los peces son traĂdos a la orilla y colocados en un recipiente, la red es recolocada y todos regresan a su siesta.

ÂĄLa continuaciĂłn en el prĂłximo episodio!
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